En un momento de creciente inestabilidad geopolítica y con una aceleración sin precedentes de los programas de rearme y modernización tecnológica, la industria de defensa y seguridad se enfrenta a un reto tan urgente como estructural: la escasez de mano de obra cualificada. Mientras se multiplican los pedidos de nuevos sistemas de defensa -buques, tanques, vehículos blindados, infraestructuras críticas-, la capacidad de producirlos a tiempo y con los niveles de calidad exigidos depende de un recurso cada vez más escaso: el talento técnico y operativo.
La figura del soldador, a menudo invisible en la narrativa industrial, se está convirtiendo hoy en un eslabón clave. La soldadura es una disciplina crítica en la fabricación y el mantenimiento de estructuras militares y civiles, y sin profesionales bien formados no es posible sostener los ritmos de producción que exige el contexto actual. El problema no es sólo de cantidad, sino también de preparación. En una industria que exige precisión milimétrica, cumplimiento de las normas internacionales de calidad y la adaptación a las nuevas tecnologías, no hay lugar para la improvisación.
La formación como estrategia de seguridad nacional
En este escenario, la inversión en formación técnica ya no es sólo una cuestión educativa o laboral: es un imperativo estratégico. Acelerar la formación de soldadores, técnicos y operarios se ha convertido en una prioridad compartida por gobiernos, empresas y fuerzas armadas. Sin embargo, los métodos de enseñanza tradicionales no permiten la velocidad y escalabilidad necesarias. La formación debe ser más eficaz, más segura y más atractiva para las nuevas generaciones.
Aquí es donde entran en juego las nuevas tecnologías aplicadas a la formación profesional. La realidad aumentada, por ejemplo, permite simular procesos de soldadura en entornos virtuales que reproducen las condiciones reales sin los costes, riesgos o limitaciones de los talleres físicos. Esta tecnología acelera el aprendizaje, mejora la retención de conocimientos y permite una evaluación objetiva de las competencias.

Seabery: La tecnología española al servicio de la defensa y la industria
La soldadura está en el epicentro de la fabricación moderna de defensa. Desde submarinos a vehículos blindados, la soldadura precisa y de alta calidad no es negociable. Sin embargo, los métodos de formación tradicionales no son lo suficientemente rápidos o escalables para satisfacer las necesidades industriales actuales.
La empresa española Seabery, pionera en el desarrollo de soluciones formativas basadas en realidad aumentada, colabora ya con sectores estratégicos como la industria naval, la automoción o la defensa para formar a la nueva generación de soldadores. Su producto estrella es un simulador de soldadura con tecnología de realidad aumentada que permite a los aprendices adquirir habilidades prácticas de forma acelerada y altamente eficaz


Gracias a esta metodología, se están formando profesionales que ya trabajan en la fabricación de buques militares, carros de combate, automóviles especializados, maquinaria pesada e infraestructuras estratégicas. Estos soldadores, formados con tecnología Seabery, participan activamente en la construcción de la capacidad defensiva de países de todo el mundo.
En Seabery, estamos trabajando con actores clave en las industrias naval, automotriz y de defensa para acelerar la formación de soldadores a través de la simulación de realidad aumentada (RA). Nuestra tecnología permite a los alumnos mejorar de forma más rápida, segura y con resultados medibles, sin necesidad de un taller físico.
Un futuro en el que el talento técnico es clave
La automatización y la digitalización seguirán transformando la industria, pero el factor humano seguirá siendo insustituible en operaciones críticas como la soldadura. En este sentido, formar a jóvenes técnicos cualificados no es solo una inversión en empleabilidad y desarrollo económico, sino también en seguridad nacional e independencia industrial.
El camino hacia una industria de defensa más robusta, ágil y preparada para los retos del futuro pasa por recuperar el prestigio de las profesiones técnicas, modernizar la formación profesional e integrar tecnologías como la realidad aumentada en los procesos de enseñanza. Seabery ya ha iniciado ese camino, y los resultados están a la vista: una nueva generación de profesionales formados para construir el mañana desde hoy mismo.